El calibre de un arma de fuego es la medida del diámetro interno del cañón o del proyectil que dispara. Se expresa en milímetros (ej. 9 mm) o en fracciones de pulgada (ej. .45).

Este parámetro determina la compatibilidad entre arma y cartucho, así como características como potencia, alcance y capacidad de penetración.

En cañones rayados, puede referirse al diámetro entre campos o entre estrías. El calibre también se relaciona con la identificación de armas en balística forense, ya que orienta sobre el tipo de munición empleada y permite clasificar técnicamente las armas de fuego.

El calibre de un proyectil es la medida de su diámetro externo, generalmente expresada en milímetros o en fracciones de pulgada. Esta dimensión determina su compatibilidad con el cañón del arma y su ajuste dentro de la recámara. En balística, el calibre influye en factores como la estabilidad, la energía cinética y la capacidad de penetración del proyectil. En armas con cañón rayado, el proyectil debe corresponder al diámetro entre estrías para asegurar un adecuado sellado de gases. Su correcta identificación es fundamental en el análisis pericial y la clasificación de evidencias balísticas.

El calibre en cañones lisos, típico de escopetas, no se expresa como diámetro directo, sino mediante el sistema gauge o calibre nominal. Este se basa en la cantidad de esferas de plomo del diámetro del cañón que, juntas, equivalen a una libra; por ejemplo, calibre 12 significa que 12 esferas forman una libra. A menor número, mayor diámetro del cañón. A diferencia de los cañones rayados, no hay estrías, por lo que el proyectil (perdigones o bala) no adquiere rotación estabilizadora. Este sistema es fundamental para identificar y clasificar munición y armas en el análisis balístico.

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