Las armas de fuego comunes utilizan pólvora sin humo como propelente.
Su componente principal es la nitrocelulosa, y en algunos casos incluye nitroglicerina (pólvora de doble base) para aumentar la energía.
Este tipo de pólvora produce mayor potencia, combustión más controlada y menos residuos que la pólvora negra. Se presenta en granos con distintas formas (esféricos, cilíndricos o laminados), lo que permite regular la velocidad de combustión.
Gracias a estas características, es el estándar en la munición moderna, tanto en armas cortas como largas, por su eficiencia, estabilidad y rendimiento balístico.