CRIMINOCIENCIA

Criminología y Ciencias Forenses

La Técnica del Perfil Criminológico (o Perfil Criminal) y Cómo se Aplica en la Investigación Criminal

Omar Alejandro De León Palomo
Por Omar Alejandro De León Palomo 1 de noviembre de 2014
Categorías: Conocimiento Criminológico, Número 4, Revista Criminociencia

En la investigación criminal, comprender la conducta del delincuente es tan importante como analizar las pruebas materiales. En este contexto, el perfil criminológico, también conocido como perfil criminal, se ha consolidado como una herramienta clave para anticipar patrones, reducir sospechosos y orientar de manera estratégica la búsqueda del responsable.

DEFINICIÓN DEL PERFIL CRIMINOLÓGICO

Según el Diccionario de la Lengua Española, etimológicamente la palabra “perfil” procede del provenzal que significa dobladillo, refiriéndose a la postura en que sólo se deja ver una mitad lateral de un cuerpo, donde se aprecian ciertas características del mismo, asimismo,  la palabra “Criminológico”, es la virtud de expresión de los diversos conocimientos aplicados de la Criminología.

La aplicación de la técnica del Perfil Criminológico es una de las pocas veces donde la Criminología y la Criminalística trabajan conjuntamente.

El Perfil Criminológico es definido en sentido amplio como aquel que consiste en la descripción, la explicación y predicción de las características sociodemográficas, criminológicas y psicológicas de las personas que han cometido algún delito (Anyela, et al., 2007). Es el “Proceso de inferencia de las características de un delincuente a través de los actos cometidos durante el crimen” (Cuquerella Fuentes, 2004).

Vicente Garrido Genovés (2007) lo define como un “Intento elaborado de proporcionar a los equipos de investigación,  información específica en torno al tipo de individuo que ha cometido un cierto crimen, es una estimación acerca de  las características biográficas y del estilo de vida del responsable de una serie de crímenes graves y que aún no se ha identificado”.

Según Erika Giraldo Liberato (2006) un Perfil Criminológico “Contempla la descripción de pautas características  que distinguen a ciertos individuos  de la población en general, lo cual refiere información inicial de identificación como: datos demográficos de ubicación, información de identificación según la nacionalidad, el género, la edad, el estado civil, ocupación, procedencia, religión y escolaridad;  es importante tener en cuenta factores como la disposición y reacción ante el interrogatorio; los antecedentes judiciales, médicos, psiquiátricos; relaciones interpersonales, familiares, laborales y hasta con las cosas; madurez sexual, psicológica; y por supuesto la  posibilidad de reincidir en la conducta desviada y/o de planear operativamente un crimen entre otros factores”.

El FBI (Federal Bureau of Investigation), determina que el Perfil Criminológico es una herramienta que ayuda a obtener  información específica del delincuente, agilizando la investigación (Giraldo, 2006).

Otras denominaciones

La expresión “Perfil Criminológico” se conoce con varios términos y acepciones en la literatura policial y forense:  perfil de la personalidad del criminal, perfil del agresor, perfil criminal, investigación analítica criminal, evaluación aplicada a la investigación criminal, perfil del delincuente, perfil comportamental, análisis de la escena del crimen, análisis de la investigación criminal, perfil conductual, perfil de la escena del crimen, perfil de personalidad criminal y profiling en inglés.

Siguiendo a Garrido (2007) la preferencia por la expresión de perfil criminológico proviene de la idea de que un buen perfil exige el conocimiento aplicado e integrado de las ciencias del crimen, esto es, de la Criminología.

FINALIDAD DEL PERFIL CRIMINOLÓGICO

El psicólogo criminal Jorge Jiménez Serrano (2006) ha dicho que el objetivo de este perfil es delimitar las características del presunto culpable para disminuir el rango de posibles culpables y ayudar a la policía focalizando y restringiendo las posibilidades de investigación, posibilitándoles el centrarse en los blancos realistas.

Ángela Tapias Saldaña (2008) considera al Perfil Criminológico como “Una técnica de investigación judicial que consiste en inferir aspectos psicosociales (personalidad, comportamiento, motivación y aspectos demográficos) del perpetrador con base en un análisis psicológico, criminalístico y forense de sus crímenes, con el fin de identificar un tipo de persona (no una persona en particular) para orientar la investigación y la captura”.

ANTECEDENTES DEL PERFIL CRIMINOLÓGICO

Uno de los primeros perfiles criminológicos formales de la historia fue el realizado por un psiquiatra llamado James A. Brussel en 1957, quien comparó conductas delictivas con conductas de pacientes mentales (Jiménez, 2006),  Brussel trazó un perfil de George Metesky un sujeto que envió 32 paquetes explosivos en Nueva York en ocho años, conocido como el bombardero loco “Mad Bomber” (Godwin y Rosen, 2006).

El perfil tuvo mucho éxito que lo hizo notar en el ámbito forense, gracias a eso  Brussel hizo amistad con Howard Teten, un veterano agente del FBI. Teten y Brussel hablaron de los aspectos clínicos de la conducta criminal y esas charlas llevaron a Teten a desarrollar e impartir un curso de Criminología aplicada en la academia del FBI en Quantico, Virginia. (Godwin y Rosen, 2006).

A partir de entonces, en la década de los años 50´s, se empezó a estudiar de forma sistemática y creciente la posibilidad de la técnica con sustento teórico en Estados Unidos, donde el FBI detectó una creciente existencia de crímenes sin resolver, de patrones similares y en ocasiones con gran dispersión geográfica (Cuquerella, 2004).

El curso de Teten y sus conversaciones con el doctor Brussel sobre elaboración de perfiles acabarían creando en los años 60´s la Unidad de Ciencias de la Conducta del FBI, en la que fueron especialmente relevantes los agente federales Howard Teten y Pat Mullany, siendo su razón de ser principal, el estudio de la psicopatología, indicios policiales, forenses y de investigación, que permitieran establecer lazos de conexión entre crímenes aparentemente desconexos y sin relación alguna (Cuquerella, 2004).

En 1994 se formó en México una unidad especial llamada “Unidad 17 de Homicidios” para atrapar a diferentes delincuentes, entre ellos “La mataviejitas”. Cabe mencionar que es la única ocasión que ha existido oficialmente un grupo de expertos elaborando perfiles criminológicos.

En 1960, en Inglaterra, el aporte a la técnica de elaborar perfiles fue de Palmer quien publicó los resultados de un estudio realizado a lo largo de tres años con 51 asesinos condenados. La contribución de este estudio fue construir un retrato verbal de un asesino, utilizando términos psicológicos (Tapias, 2008).

A finales de la década de 1970, el FBI emprendió un programa formal para intentar identificar características comunes en los asesinos en serie y contribuir con ello a su detención. (Godwin y Rosen, 2006). Así, a mediados de los años 70´s el coronel Ressler y el agente Douglas, crearon la base de datos VICAP (en español: Programa de Aprehensión de Criminales Violentos) (Barquino, 2008)  (posteriormente reformada en VICLAS), en la que de forma minuciosa se iban introduciendo desde cualquier condado, estado o localidad los datos estandarizados sobre asesinatos, resolviendo mediante un análisis estadístico la conexión con otras posibles muertes ligadas a un mismo autor o autores (Cuquerella, 2004).

Entre 1978 y 1983 los agentes del FBI llevaron a cabo una serie de interrogatorios a treinta y seis presos, de los cuáles solo veinte estaban considerados como criminales en serie. Antes del interrogatorio, se obtuvo información sobre los agresores y sus crímenes revisando todos los datos, desde las fotografías de los lugares de los hechos hasta los informes  psiquiátricos. Se interrogó a todos de acuerdo a una lista de preguntas; y cuando se analizaron los resultados, el FBI manifestó que de ahí emergía una simple dicotomía (Godwin y Rosen, 2006).

Una de sus mayores aportaciones fue la del término de “Asesino en serie”, y su clasificación de asesinos en serie (Jiménez, 2006).

El interés de Howard Teten sobre los perfiles, centrado en el aspecto clínico y en los móviles del criminal, contribuyó a dar forma al planteamiento del FBI, a la clasificación en organizado y desorganizado. Estas categorías parecen describir los distintos niveles de agresión  en los asesinos en serie. (Godwin y Rosen, 2006).

Esta clasificación es actualmente usada en el desarrollo de perfiles, aunque en muchas ocasiones no existen los asesinos organizados o desorganizados puros y son más mezcla de ambos. No obstante la división sí ha resultado fructífera y de gran ayuda a la hora de perfilar un asesino, ya que dentro de su clasificación las características que describen a uno y a otro tipo de asesino si tienen una gran consistencia estadística. Los términos de organizados y desorganizados son, como dice Ressler, “De fácil uso para los policías” porque se escapa un poco de la terminología psicológica y médica (Jiménez, 2006).

Es el FBI el que ha desarrollado la mayor cantidad y calidad de unidades de investigación y elaboración de perfiles, unidades  sustentadas en la teoría, metodología e investigación de perfiles delincuenciales (Tapias, 2008).

En 1983 Hazelwood describió cómo elaborar el perfil de los violadores a través de informes de las víctimas. Para lograrlo se basó en 3 puntos fundamentales entre los cuales incluía una cuidadosa entrevista con la víctima acerca del comportamiento del violador, un análisis del comportamiento para tratar de descubrir la motivación subyacente y un perfil individual (Tapias, 2008).

Otro antecedente de tipo social, más que judicial fue el aporte de John Douglas quien dirigió durante 20 años  la Unidad de Apoyo Investigativo del FBI, el grupo élite dedicado al rastreo de los asesinos seriales. Este agente hizo aportes para la literatura y el cine porque inspiró uno de los personajes de la película “El silencio de los inocentes” (Tapias, 2008).

En 1993 en el Reino Unido se empieza a trabajar con técnicas  informáticas  para identificar perfiles delincuenciales. En la policía  de  Northumbria,  se  utilizó tecnología para identificar una serie de robos caseros, en los cuales se investigaba la información referente al modus operandi, ubicación, relación del criminal y la víctima, etc. Siempre que un delincuente de este tipo era reseñado más de cuatro veces en el sistema, es etiquetado como serial y se convierte en sujeto de investigación con el fin de alimentar el sistema (Tapias, 2008).

La serie Mentes Criminales representa la labor del Perfilador Criminológico, hay que recordar que son series de televisión y en ocasiones suceden hechos que se alejan de la práctica real, pero estas series se asesoran de verdaderos profesionales en las ciencias forenses.

MÉTODOS PARA TRAZAR UN PERFIL CRIMINOLÓGICO

Existen dos tipos de métodos de los que se vale el investigador para elaborar los perfiles: el método inductivo y el método deductivo. El primero se refiere a utilizar la experiencia de casos anteriores para estimar patrones conductuales y el segundo se basa en el análisis de la escena del crimen en cuanto a sus evidencias físicas y psicológicas. Estos métodos no son formas diferentes de razonamiento, ambos son formas de inferencia, pero se complementan el uno al otro en la práctica criminológica.

La técnica del Perfil Criminológico se encuentra en desarrollo, por tal motivo, ha sido difícil su aceptación e implementación en las corporaciones policíacas, queda en los Criminólogos nutrir de conocimiento y proporcionar resultados para que esta ocupe el lugar que le corresponde en la investigación de hechos delictuosos.

CÓMO SE ELABORA UN PERFIL CRIMINOLÓGICO

La elaboración de un perfil criminológico es un proceso técnico de análisis conductual que tiene como finalidad inferir características probables del autor desconocido de un delito, con el objetivo de orientar la investigación y reducir el universo de sospechosos. No se trata de “adivinar” al culpable, sino de aplicar un método interdisciplinario basado en la criminología, la psicología y la criminalística. A continuación se describe el proceso para elaborarlo basado en las obras de Douglas y Olshaker (1995), Ressler et al. (1988) y Turvey (2011).

El proceso inicia con el análisis de la escena del crimen, considerada la principal fuente de información conductual. Aquí se examinan aspectos como el nivel de violencia, el tipo de arma utilizada, la existencia de planificación y el grado de control ejercido sobre la víctima. Estos elementos permiten clasificar al agresor, por ejemplo, como organizado (planifica, controla y minimiza evidencias) o desorganizado (actúa de forma impulsiva y caótica).

Posteriormente, se realiza el análisis victimológico, que consiste en estudiar a la víctima para entender por qué fue seleccionada. Se evalúan características como edad, sexo, estilo de vida, rutina diaria y nivel de riesgo. Esto permite determinar si la víctima fue elegida de forma específica (lo que sugiere motivación personal o simbólica) o al azar (lo que apunta a patrones más oportunistas).

Un tercer paso fundamental es el análisis del modus operandi y la firma. El modus operandi se refiere a los métodos utilizados por el agresor para cometer el delito y lograr su objetivo (por ejemplo, el tipo de acceso, el uso de engaño o la forma de huida). La firma, en cambio, está vinculada a las necesidades psicológicas del delincuente y se manifiesta en conductas no necesarias para cometer el crimen, como rituales o acciones repetitivas. Este elemento es clave para identificar patrones en delitos seriales.

Asimismo, se incorpora el análisis geográfico, que estudia la distribución espacial de los delitos. A través de este, se puede inferir la zona de confort del agresor, es decir, el área donde vive, trabaja o se desplaza habitualmente. Esto ayuda a focalizar la búsqueda en regiones específicas.

En algunos casos, también se analizan comunicaciones del agresor, como cartas, mensajes o publicaciones, lo que permite identificar rasgos de personalidad, nivel educativo, estado emocional y posibles motivaciones.

Finalmente, toda la información se integra para construir el perfil criminológico, que incluye características probables como edad, sexo, nivel socioeconómico, ocupación, rasgos de personalidad y estilo de vida. Este perfil se utiliza como herramienta estratégica para guiar interrogatorios, priorizar sospechosos y definir líneas de investigación.

En conclusión, el perfil criminológico es un instrumento científico que, mediante el análisis sistemático de la conducta delictiva, permite comprender al agresor y aumentar la eficacia en su identificación y captura.

REFERENCIAS

  • Anyela Morales, L., Muñoz Delgado, J., Santillán A. M., Arenas, R. y Ponce de León, F. C.  (2007). Perfiles Criminológicos: El Arte de Sherlock Holmes en el Siglo XXI. Revista Salud Mental. 30 (3).
  • Barquino, J. M. (2008). La Técnica del perfil criminal. Revista guardia Civil. (774).
  • Cuquerella Fuentes, A. (2004) Asesinos en serie. Clasificación y aspectos médico-forenses. Revista Estudios jurídicos.
  • Garrido Genovés, V. (2007). El perfil criminológico como técnica forense. [En línea]. Disponible en: http://es.scribd.com-/doc/8223724/El-Perfil-Criminologico-Como-Tecnica-Forense. Fecha de consulta: 05 de enero de 2014.
  • Giraldo Liberato, E. (2006). Perfiles criminales: un resultado ético. Revista Pericia Psicojuridica. [En línea]. Disponible en: Disponible en: http://periciapscojuridica.zoomblog.com/archivo/2006 /09/21/perfiles-Criminales.html. Fecha de consulta: 15 de enero de 2014.
  • Godwin, M. y Rosen, F. (2006). El rastreador. El perfil psicogeográfico en la investigación de crímenes en serie. Traductor: Carmen Francí,  España: Alba.
  • Jiménez Serrano, J. (2006). Perfil psicológico criminal. Revista Psicología Online. [En línea]. Disponible en: http://www.psicologiaonline.com/articulos/2006/perfil_psicologico _criminal.shtml. Fecha de consulta: 25 de enero de 2014.
  • Tapias Saldaña, A., Avellaneda Castellanos, L., Moncada Muñoz, M. y Pérez Puentes, I. (2008) Elaboración de perfiles criminales desconocidos con base en la escena del crimen. Psicología Jurídica y forense. [En línea]. Disponible en: http://www.psicologia-juridica.org/psj7.html. Fecha de consulta: 01 de febrero de 2014.
  • Ressler, R. K., Burgess, A. W., & Douglas, J. E. (1988). Sexual homicide: Patterns and motives. Lexington Books.
  • Douglas, J. E., & Olshaker, M. (1995). Mindhunter: Inside the FBI’s elite serial crime unit. Scribner.
  • Turvey, B. E. (2011). Criminal profiling: An introduction to behavioral evidence analysis (4th ed.). Academic Press.

Recomendaciones:

– 7 preguntas y respuestas sobre las necropsias forenses y la participación del Criminólogo y el Criminalista

–Características Diferenciales entre un homicidio y un suicidio por ahorcamiento


Derechos Reservados © EDITORIAL CRIMINOCIENCIA.

Queda estrictamente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos e imágenes de la publicación sin previa autorización del Editor.

Omar Alejandro De León Palomo

Omar Alejandro De León Palomo

Licenciado en Criminología con Maestría en Criminología y Ciencias Forenses.

Categorías: Conocimiento Criminológico, Número 4, Revista Criminociencia

Compartir este artículo

Entradas recomendadas

El Nuevo Billete de Cien Pesos y Venezuela

Características Sociodemográficas de los Suicidas Mexicanos

Seven: La Aplicación de los Conocimientos de la Criminología y la Criminalística Tras la Pista de un Asesino Serial

Revistas Criminociencia

Sobre Criminociencia

Secciones

Contacto

© 2026 Criminociencia. Derechos Reservados.