La Prevención del Delito: la Omisión de la Estrategia Federal Contra la Violencia en el Estado de Tamaulipas

Por José Ariel Retana Cantú

La política criminal moderna se ha enfocado hacia los factores que originan los delitos, además, hacia las causas de la deficiente persecución de los hechos criminales. Lo anterior hace necesaria la prevención, esta palabra procede del latín praeventĭo, -ōnis, que significa: Acción y efecto de prevenir, preparación y disposición que se hace anticipadamente para evitar un riesgo o ejecutar algo (Real Academia Española, 2014). Para el maestro Rodríguez Manzanera (2014), la prevención en materia criminológica es: “Conocer con anticipación la probabilidad de una conducta criminal, disponiendo los medios necesarios para evitarla”. Existen tres formas de prevención:

1. Prevención Primaria. Toda actividad de carácter general que tiene un fin de saneamiento social que se espere evite o reduzca la incidencia de fenómenos delictivos y de los que producen riesgos a la comunidad.

2. Prevención Secundaria. Es la que se ejerce sobre personas de las que se puede afirmar la posibilidad o la probabilidad    de cometer   delitos   o de adoptar un género de vida que las pueda hacer especialmente peligrosas.

3. Prevención Terciaria. Es la que se propone evitar que personas que ya han delinquido o incurrido en actividades especialmente peligrosas, persistan en su conducta socialmente nociva.” (Canivell, citado por Rodríguez Manzanera, 2014).

El Estado de Tamaulipas, desde hace mucho tiempo, requiere de verdaderas medidas eficaces de prevención del delito, puesto que son las que reducen la delincuencia, la violencia y la inseguridad. Es decir actuar antes que ocurra el crimen para: hacer el crimen más difícil, menos peligroso o menos gratificante, enfocado a menudo a las posibles víctimas; reducir los factores sociales que predisponen a jóvenes a ofender, enfocando la prevención a las personas, las familias y las comunidades en peligro; movilizar a las agencias de seguridad (Sedena, Marina, Policía Federal, etc.), para neutralizar una esfera de factores sociales e intenciones que generan la delincuencia, la violencia y la inseguridad. En consecuencia, la prevención es el conjunto de medidas y procedimientos empleados por las autoridades y la comunidad, para disminuir las conductas antisociales.

Para lograr lo anterior, se requiere una constante actividad preventiva,  con relación a la importancia de la actividad preventiva el ameritado maestro del Colegio de Criminología de la Universidad Autónoma de Nuevo León, Marco Antonio Leija Moreno, sostiene:

“Mejor es prevenir los delitos que castigarlos como fin principal”

“Que una buena legislación es la que tiene el arte de conducir a los hombres al máximo de felicidad, por lo que esta idea fructificada en la Escuela Positiva Italiana, da como resultado que el problema de los delitos, el delincuente y la pena, sea un problema de prevención, más que de represión, de educación o de reeducación moral, al final de justicia social” (César Beccaria, citado por Leija, 1985). Asimismo en la “Teoría de las Penas y las Recompensas”, se establece las primeras ideas de prevención y solución en contra del delito: “Los preventivos, directivos o indirectos;  los supresivos que tienden a hacer cesar el delito empezado; los satisfactorios para la parte lesionada y; los penales o propiamente las penas, con una finalidad preventiva a la vez que con razón justificativa” (Bentham, citado por Leija, 1985). También, la prevención es estudiada por los tratadistas norteamericanos, especialmente en la literatura policíaca, al efecto O’Connor y Vanderbosch (1985), afirman: “Cuando hablamos de prevención de crímenes y delitos nos referimos generalmente a las muchas actividades que llevan a cabo la policía, los tribunales, las escuelas y otras instituciones de la comunidad, con la esperanza de reducir el grado en que los ciudadanos violan las leyes. La prevención de la delincuencia abarca diversos procedimientos de tipo bastante distinto, cada uno de los cuales incumbe a diferentes grupos u organismos”. Continuando con el análisis, Eugenio Raúl Zaffaroni (1991), escribe: “Se afirma que la prevención de futuras conductas delictivas pueden lograrse o pretenderse mediante la prevención general o la prevención especial. Para unos, la prevención se realiza mediante la retribución ejemplarizante y es prevención general la que se dirige a todos los integrantes de la comunidad jurídica. Para otros, la prevención debe ser especial, procurando accionar con la pena sobre el autor, para que aprenda a convivir sin realizar acciones que impidan o perturben la existencia ajena”.

La manifestación efectiva de la actividad preventiva es urgente en nuestro Estado, desde hace mucho tiempo, ya que el constante crecimiento de la población, especialmente en las ciudades fronterizas de Nuevo Laredo, Reynosa y H. Matamoros, la posición geográfica de estas ciudades, en relación a los Estados Unidos, la crisis económica mundial y el aumento del desempleo en los Estados del Centro del País y Sudamérica, ha traído un déficit entre los servicios públicos que se prestan y la población que los requiere, al faltar escuelas, bibliotecas, hospitales, viviendas, campos deportivos, parques de recreación, tribunales, agencias del Ministerio Público, más y mejores policías, en proporción a la población fija y flotante, ocasionándose el incremento de conductas antisociales, especialmente la delincuencia organizada. En virtud de lo anterior, se considera que se carece de prevención, la cual los expertos señalan como la eliminación de factores que disminuye los eventos antisociales. De igual forma influyen en el aumento constante de conductas antisociales, las resoluciones judiciales contrarias a derecho, las sentencias absolutorias de criminales, la impunidad en delitos cometidos por personas que disponen de poder político, económico y social. La ineficacia de los aparatos de procuración, administración y ejecución de justicia. Por lo antes expuesto, es necesario tomar medidas urgentes basadas en los principios básicos de la política criminal, que tiendan a prevenir y eliminar los factores de riesgo que conducen a los hechos antisociales. Actualmente, sería la única manera de hacer soportable la convivencia social en el Estado de Tamaulipas; y por la otra, preservar la subsistencia misma de la sociedad.

Porque el crimen se está devorando a la sociedad en Tamaulipas

El gobierno federal previamente a la aplicación la estrategia federal contra la violencia en el Estado de Tamaulipas, debió haber tomar medidas basadas en postulados de una verdadera política criminal, tendientes a eliminar los factores que inciden en la producción de tales actos”. Primero, aplicando las medidas de prevención primarias las cuales consisten: En reconocer la existencia de eventos antisociales. Identificarlos por clase. Estratificarlos en función de la gravedad del daño que producen y de su trascendencia en la vida social, ( aquí lo niegan, no pasa nada, dicen); segundo, investigar los factores que condicionan la realización de tales eventos; tercero, establecer medidas para atacar los factores productores de la antisocialidad, a fin de erradicarla o en su caso disminuirla. Importante es la prevención no penal: la básica: alimentación, vestido, habitación, educación y trabajo. Servicios públicos: asistencia médica, recreación y deporte, luz, agua potable y drenaje, administración de justicia, seguridad pública y cultura. La participación de la sociedad civil: organizaciones no gubernamentales que fomenten políticas de desarrollo social”. Cuando a pesar de las medidas de prevención primaria instrumentadas por el Estado idóneas para cambiar la antisociedad, ésta se sigue presentando con la correspondiente afectación a la comunidad, será necesario instrumentar soluciones de índole jurídico penal para atacar en forma directa su comisión.

En lo relativo a los factores de conductas antisociales, que previamente han sido enumeradas, Marco Antonio Leija Moreno (1985), refiere: “Uno de esos aspectos de gran importancia, es el relacionado con la densidad poblacional, pues como ya ha quedado establecido… el hombre es atraído por sus semejantes para formar sociedades, en forma tal de que la reunión de varios hombres puede propiciar la idea de la violencia, que desatada en determinada forma constituye el crimen, ahora bien, esto representa la tesis de que la concepción social que atrae al hombre puede acarrear consigo misma la posibilidad de la conducta criminal por ende en cuanto haya mayor cantidad de población en una determinada región, encontramos mayor posibilidad de conducta criminal, con lo anterior resulta una consecuencia lógica establecer mayor actividad criminal en un lugar más densamente poblado que otro, lo que trae aparejada la idea de que subsiste el crimen con mayor eficacia en el ámbito específicamente de mayor población”.  Carrancá y Trujillo (1988), al respecto comenta: “El medio urbano representa una influencia criminógena de mayor potencialidad que el medio agrario, ello porque en el primero la sociedad humana cobra mayor densidad, lo que es estímulo para la mayor ilustración de los pobladores y la incitación mayor al trabajo de la inteligencia por la comunicación de ideas, y mayores oportunidades de impunidad para el delincuente”. Según Ballve (1953): “No dudamos hoy, por ejemplo, de que el alcoholismo, la epilepsia,    la sífilis,    la miseria    económica   y   especialmente  la  alimentación   deficiente determina grandemente ciertas formas de criminalidad y los ensayos hechos en algunos países limitando eficazmente el abuso del alcohol así como la comparación de las cifras de criminalidad en épocas de bonanza económica y en épocas de penuria han demostrado que la limitación de estas influencias en el medio social han repercutido muy satisfactoriamente en el diagrama criminoso. El mejoramiento de la salud moral y material de la población es para mí en estos momentos un arma tanto más recomendable en cuanto actúa antes de producirse el mal y sin interferir de modo alarmante y delicado en la libertad humana”. El sustentante no pasa por alto que los factores señalados como causantes de eventos antisociales no son privativos del Estado de Tamaulipas, sino de la mayoría de las partes integrantes de la Federación, pues actualmente con los problemas de globalización y de las macroeconomías es un problema de cualquier estado en el mundo que tienda a perfeccionar su desarrollo económico, político y social.

La prevención ha adquirido una trascendencia enorme en las estrategias de los Estados relativas al delito. Es mundialmente conocido que es más económico prevenir el delito que reprimirlo, ya que cuando se previene un delito no hay víctima, no hay daño y no hay sujeto al que se le debe de aplicar una pena, para tal fin se requiere la acción preventiva del gobierno Municipal, Estatal y Federal y su inclusión en  la estrategia federal contra la violencia en el Estado de Tamaulipas.

 

Referencias

  • Ballve Pallise, F. (1953). Función de la Tipicidad en la Dogmática del Delito. Antorcha. México.
  • Carrancá y Trujillo, R. (1988). Derecho Penal Mexicano. Porrúa. México.
  • Leija Moreno, M. A. (1985). Elementos de Criminología. Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la U. A. N. L. San Nicolás de los Garza, N. L.
  • O’Connor, W. G y Vanderbosh, G. CH. (2000). Operación de Patrullas. Limusa. México.
  • Real Academia Española. (2014). Diccionario de la Lengua Española. Prevención. [En línea]. Disponible en: http://lema.rae.es/drae/?val=PREVENCION. Fecha de consulta: noviembre de 2014.
  • Rodríguez Manzanera, L. (2014). Criminología. Porrúa. México.
  • Zaffaroni, E. R. (1991). Manual de Derecho Penal. Cárdenas Editor. México.

 


 

*El Autor de este artículo es Licenciado en Ciencias Jurídicas por la Universidad Autónoma de Nuevo León, Maestro en Ciencias Penales, y en Criminología y Ciencias Forenses por la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Actualmente es Profesor de tiempo completo en la Universidad Autónoma de Tamaulipas, sus clases van dirigidas para la licenciatura en Criminología y la Maestría en Criminología y Ciencias Forenses.

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